Guía completa
Qué hace este sensor
El motor necesita una proporción concreta de aire y combustible. El caudalímetro mide el aire que entra y, con ese dato, la centralita calcula cuánto combustible inyectar y, en los diésel, cuánto gas abre la EGR y cuánta presión pide al turbo. Si el número que manda es falso, todo lo que viene detrás se calcula mal.
Polvo, aceite y filtros baratos
La mayoría de caudalímetros que nos llegan no están rotos, están sucios. El elemento sensor es un hilo o una película muy fina y cualquier capa de polvo cambia su lectura. En Valencia hay días de calima en los que el aire trae polvo en suspensión, y un filtro de aire de mala calidad o mal asentado deja pasar parte de él. También ensucian el sensor los vapores de aceite de un respiradero de cárter en mal estado y los filtros de aire «de alto rendimiento» impregnados en aceite.
Cómo lo distinguimos de otras averías
Pérdida de potencia y humo los provocan también un turbo con fugas, una EGR atascada o un filtro de partículas saturado. Por eso no cambiamos el caudalímetro solo porque aparezca un código relacionado. Comparamos su lectura con la carga del motor, miramos también el sensor de presión del turbo y la sonda lambda, y probamos qué ocurre al desconectarlo durante la prueba. Con esos datos sabemos si el problema está en el sensor o en otra parte de la admisión.
Si toca cambiarlo
Cuando la limpieza no devuelve valores correctos, el elemento está dañado. Montamos una pieza de calidad equivalente a la original, borramos las adaptaciones que la centralita haya aprendido con el sensor viejo y comprobamos el resultado en carretera. Aprovechamos para cambiar el filtro de aire si está pasado: ponerlo nuevo con uno sucio es la forma más rápida de volver a ensuciarlo.