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Rampas de garaje y giros completos

En una ciudad donde muchos coches duermen en garajes subterráneos, las juntas homocinéticas trabajan más de lo que parece. Bajar una rampa estrecha con la dirección girada al máximo, y hacerlo dos veces al día, mete en la junta exterior justo el ángulo y la fuerza que más la desgastan. Por eso el primer aviso suele llegar ahí, maniobrando en el garaje, y no en carretera.

La junta en sí es robusta: lo que la mata es perder la grasa. El fuelle de goma que la cubre se reseca con el calor y los años, se abre por un pliegue y empieza a escupir grasa hacia la llanta. A partir de ese momento entra polvo y agua, y la junta se come por dentro. Si nos traes el coche cuando ves la grasa salpicada pero todavía no oyes nada, a menudo basta con un fuelle nuevo, que es una reparación pequeña.

Cuando ya suena, ya no hay marcha atrás para esa junta. Aun así, en muchos modelos se puede cambiar la junta sola sin sustituir todo el eje, y es lo que valoramos primero en nuestro taller de Valencia.