Guía completa
Lo que le hace la ciudad a las bujías
Un coche que en Valencia se usa casi siempre para recorridos de pocos kilómetros, con semáforos cada pocos metros, rara vez llega a estar mucho rato a temperatura de trabajo. En esas condiciones la bujía no se limpia sola y va acumulando carbonilla. El resultado se nota sobre todo en frío: arranques algo perezosos, un ralentí que vibra y un pequeño titubeo al salir del semáforo.
En verano ocurre lo contrario con los compartimentos de motor muy cargados: el calor castiga las bobinas, y una bobina débil hace que la bujía trabaje peor aunque esté nueva. Por eso, cuando las cambiamos, también miramos el estado de las bobinas y del capuchón de goma que las conecta.
Gasolina normal, híbrido o turbo
En un atmosférico sencillo el cambio es rápido. En muchos turbo de inyección directa las bujías trabajan con más presión en cámara y piden cambios más frecuentes. Los híbridos tienen su propia peculiaridad: el motor térmico arranca y para muchas veces y hay que dejar el sistema en modo mantenimiento para trabajar con seguridad.
Una pieza barata que protege otras caras
Un fallo de encendido continuado manda gasolina sin quemar al escape. Ese combustible acaba calentando el catalizador por encima de lo normal y puede dañarlo. Cambiar las bujías a tiempo es de las formas más simples de evitar esa cadena de averías.