Guía completa
Por qué la bujía correcta importa más que la marca
Una bujía tiene tres medidas que deben coincidir exactamente con las que exige el motor: rosca (métrica y longitud), alcance del electrodo respecto a la culata y grado térmico, que determina a qué temperatura de trabajo disipa el calor. Montar una bujía de rosca o alcance distinto puede generar fallos de encendido, pérdida de compresión o, en el peor caso, contacto con el pistón. Por eso vamos siempre a la referencia exacta del motor, no a “la bujía de ese modelo de coche”: el mismo modelo puede llevar motores distintos con bujías distintas.
Material del electrodo: qué cambia realmente
- Cobre, el material más conductor y el más barato, pero se desgasta antes: intervalo corto, 20.000-30.000 km.
- Platino, más resistente al desgaste, intervalo intermedio.
- Iridio, electrodo mucho más fino que permite un encendido más preciso con menor tensión necesaria, e intervalos largos de 60.000-100.000 km. Es lo habitual en motores modernos de altas prestaciones o downsizing.
Montar iridio en un motor que especifica cobre no aporta ninguna ventaja real y sí un sobrecoste. Seguimos siempre la pauta del fabricante.
Cuándo hay que mirar antes de cambiar
Si el cambio es puramente programado por kilometraje y el coche no da ningún síntoma, no hace falta diagnosis previa. Pero si hay tirones, ralentí irregular o testigo de motor encendido, comprobamos primero qué cilindro está fallando y si el origen es realmente la bujía o la bobina de encendido, que en muchos motores va integrada bujía a bujía y puede dar síntomas idénticos.
El par de apriete, un detalle que se pasa por alto
Una bujía apretada de más puede llegar a fisurarse o incluso a romperse dentro de la rosca de la culata, un problema mucho más caro que la propia bujía. Una floja pierde estanqueidad y compresión. Usamos siempre llave dinamométrica con el par que especifica el fabricante para cada rosca y material de culata.
Cuándo revisar también las bobinas
En motores con bobina individual por cilindro, aprovechamos el cambio de bujías para comprobar el estado de cada bobina: grietas en el cuerpo, resistencia fuera de rango o signos de arco eléctrico interno. Si una está degradada, lo indicamos como partida aparte del presupuesto, nunca lo incluimos por sistema sin que haga falta.