Guía completa
El aparcamiento en línea tiene la culpa
Aparcar en paralelo en calles con poco espacio, como las del Ensanche o tantas otras del centro de Valencia, es la mayor fábrica de llantas rozadas que conocemos. Un pequeño despiste al arrimar el coche al bordillo y la cara exterior de la llanta queda marcada. Los neumáticos de perfil bajo, cada vez más comunes, protegen menos el borde y hacen que el roce llegue directamente al aluminio.
La parte estética se arregla bien. Lo que conviene vigilar es que no haya más: si el golpe ha sido fuerte, la llanta puede haberse doblado o fisurado por dentro, y eso se nota en el volante o en un neumático que pierde aire.
Reparar o cambiar, sin rodeos
Una llanta soporta el peso del coche y los esfuerzos de cada frenada, así que hay límites. Los roces, la pintura levantada, la corrosión del borde y las deformaciones ligeras se reparan bien. Las grietas en los radios, los golpes que han hundido el aro o las llantas ya reparadas varias veces se cambian. Te lo decimos con la llanta desmontada delante, sin intentar arreglar lo que no se debe.