Guía completa

Lo que hay entre el volante y las ruedas

La dirección es una cadena de piezas: columna, cremallera, barras axiales, rótulas y, según el coche, una bomba hidráulica o un motor eléctrico que ayuda a girar. Cualquier eslabón con juego o sin asistencia cambia la sensación al volante. Lo que el conductor nota casi nunca dice qué pieza falla, y por eso hay que revisarlas una a una.

Hidráulica frente a eléctrica

Los coches con años suelen llevar bomba movida por correa y líquido. Sus problemas más habituales son fugas, ruido de bomba al girar del todo y fuelles rotos que dejan entrar suciedad. Los modernos casi todos usan asistencia eléctrica: no hay líquido, pero sí un motor, un sensor de par y una centralita. Ahí las averías se diagnostican leyendo datos y a veces se resuelven con una calibración o una actualización, sin cambiar piezas.

Bordillos, badenes y aparcar a pulso

En el centro de Valencia se aparca mucho en línea, con la rueda pegada al bordillo y maniobrando con el volante a tope. Cada golpe contra el bordillo y cada giro forzado en parado cargan rótulas y axiales. A eso se suman los badenes de las calles residenciales. No es que la ciudad rompa direcciones, pero ese uso explica por qué las holguras aparecen antes en coches que solo hacen ciudad que en otros con muchos más kilómetros de carretera.

Después de tocar, alinear

Cambiar una rótula o una barra axial altera la convergencia de las ruedas aunque se monte con cuidado. Si no se alinea, el neumático se come por un lado en pocas semanas. Por eso el alineado forma parte del trabajo de dirección y no un extra opcional.