Guía completa

Para qué lo vas a echar de menos

En Valencia pasan semanas sin llover y el asfalto acumula polvo, goma y restos de aceite. Con el primer chaparrón fuerte del otoño, esa capa se vuelve resbaladiza y es justo cuando el control de tracción trabaja más: al arrancar en una rotonda, al girar en un paso de cebra pintado o al frenar en una incorporación. Si el sistema está fuera de servicio, el coche sigue funcionando, pero esas correcciones automáticas desaparecen.

El ESP decide a partir de varios datos: velocidad de cada rueda, hacia dónde apunta el volante, cuánto gira la carrocería sobre sí misma y la aceleración lateral. Basta con que uno de ellos falte o llegue raro para que la centralita se desconecte por precaución y encienda el aviso.

Calibrar también es reparar

Muchos fallos no piden piezas nuevas. Tras una alineación, el cambio de una columna de dirección o una reparación de suspensión, el sensor de ángulo necesita que le indiquen cuál es la posición recta. Sin ese paso el testigo puede seguir encendido aunque todo esté bien montado. En coches con radar o cámara frontal, además, algunas asistencias dependen de esa misma referencia.

En híbridos y eléctricos el control de tracción actúa también sobre el motor eléctrico, que entrega fuerza de golpe. Trabajamos con el equipo de diagnosis en la unidad que corresponda, siguiendo el procedimiento del fabricante.